La víspera de San Juan, se levantan los
pirulitos en algún que otro rincón. Reuniones de
barrio en las que, en torno a un pino, se
congrega el vecindario para jaranear a gusto en
un ambiente cordial. El árbol se trae del campo,
se corona con una cebolla y un espejo y se
adorna con guirnaldas , antiguamente, se
revestía con flores y hierba de San Juan.
Algunas vecinas entonan aún las viejas coplas...
Conocida también como la noche de las brujas,
las chiquillas echan en una palangana con agua,
recogida en la fuente cuando dan las campanadas
de medianoche, papeles cerrados con el nombre de
los posibles pretendientes para determinar el
que les gusta.
También la noche de los ramajos que se colocaban
en la puerta o ventana de las muchachas
pretendidas con su significado particular según
la especie: nogal, te quiero hablar; álamo, te
amo; perero, te quiero; cerezo, te enderezo;
jaguarzo, te abrazo; olivo, te olvido; parra,
borracha; higuera, loca,...
